La ayuda de 400 euros

 

La búsqueda de empleo y el éxito de la misma, depende de muchas cosas: de la preparación del candidato, de la presentación de un buen currículum, hacer una buena entrevista, etc. Estos elementos son atribuibles únicamente al trabajador. No obstante, en la coyuntura del mercado laboral, un mercado donde se destruyen más de 9000 puestos de trabajo al día, esa "empleabilidad", es decir, capacidad del trabajador de encontrar un trabajo por sus aptitudes personales se rebaja a cuotas ínfimas. Cada vez más trabajadores cualificados y experimentados sufren el desempleo e incluso el temido desempleo de larga duración, del que es tan difícil salir. Para evitar la situación de desprotección social surgió la ayuda de los 400 euros. Ni más ni menos, es un mecanismo de protección, lo que se denomina una política pasiva de empleo, esas políticas que se activan cuando fallan las políticas activas (Blázquez Agudo: 2012). Eliminar esa ayuda no tiene relación alguna con la incentivación de la búsqueda de empleo, y menos todavía, con la inserción laboral de los desempleados.

Por otra parte, la generación de empleo va irremediablemente unida a unas políticas activas eficaces y eficientes. Sin embargo, en abril de este mismo año se comunicó que el presupuesto para las mismas va a bajar en un 21,3%, y en formación, un 34% (El País, 3 de Abril de 2012). Es decir, se recorta en políticas activas y se eliminan políticas pasivas.

Por mucho que se empeñen, las políticas de empleo -activas y pasivas- son necesarias y complementarias, mucho más en la situación actual. Las activas para generar empleo. Las pasivas para proteger al trabajador que cae en la lacra del desempleo (en la actualidad el 24,3% de la población activa está sin trabajo).